El espíritu empresarial como característica cultural básica
de los colombianos, no se puede empezar a cultivar en los últimos años del
bachillerato o en la Universidad, tal como ocurre actualmente. Es
responsabilidad de los padres inculcarlo desde el hogar, aunque tampoco tengan
muy claro cómo hacerlo, puesto que nuestra formación en este sentido es muy
pobre.
Pero, ¿por qué es tan importante incentivar este tipo de
formación en los niños y jóvenes? Porque las condiciones económicas y sociales
que tienen que enfrentar los jóvenes actualmente son muy diferentes a las de
sus padres. Hace unas décadas era posible mantener el mismo trabajo durante
veinte, treinta o más años, sacar adelante una familia e inclusive llegar a
pensionarse así; sin embargo, hoy en día la gran mayoría de las personas no
mantienen el mismo trabajo durante tanto tiempo, el costo de vida ha subido muy
por encima del nivel de crecimiento de los salarios y los requisitos para
pensionarse se han endurecido.
Todo lo anterior hace necesario que los jóvenes actuales
cuenten con una formación diferente a la de las generaciones pasadas. En este
sentido, considero que el emprendimiento y el espíritu empresarial son
herramientas que aumentan las probabilidades de alcanzar las metas que se
proponga.
Volviendo a la idea inicial de este escrito, es necesario
inculcar esta formación en los jóvenes desde niños, inclusive antes de su
entrada al jardín o al colegio. Sin embargo, otro obstáculo además de la
ignorancia generalizada, es que la mayoría de los padres temen que sus hijos
intenten ganarse la vida con sus propias empresas, creen equivocadamente que un
empleo les dará un futuro seguro, cuando, tal como expuse en el párrafo
anterior, estas ideas no funcionan en la sociedad actual. Este problema debe ser
también atacado, lo cierto es que no sólo se debe formar a los jóvenes, sino a
sus padres para que no frustren el espíritu emprendedor de sus hijos.
Esta es la base más importante. Por supuesto, se debe
continuar con en los colegios y universidades con las clases dirigidas a educar
a los jóvenes en este sentido, y el Gobierno puede incentivar de todas las
formas imaginable a las nuevas empresas que se formen en Colombia, pero si
estos esfuerzos se dirigen a personas que no cuenten con este espíritu empresarial,
será como arar en el viento.
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